¿POR QUÉ COMPRAR EN NUANJU?

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¿QUIÉN ES NUANJU?

Somos tres hermanos Núria, Andreu y Julio (Nu-An-Ju) y el abuelo de mi madre, Andreu, fué el fundador de Nuanju. Andreu vivía en un pequeño pueblo del norte de Cataluña y cuando era joven fué a aprender el oficio de zapatero a Francia. Allí nació su pasión por fabricar zapatos para niñ@s. Al volver montó un pequeño taller en su pueblo donde fabricaba zapatos infantiles de diferentes formas, medidas y colores.
Cada semana llenaba varias maletas de zapatos e iba a venderlos por los diferentes mercados que se organizaban en pueblos cercanos a los que él vivía. Su medio de transporte para llegar a los mercados era el tren ya que en esa época no había coches…un ¡verdadero esfuerzo con tanto peso!
Vender zapatos en los mercados no era tarea fácil… En aquella época la gente no tenía mucho dinero para comprar zapatos nuevos muy a menudo.
Un domingo de mercado pasaban las horas y Andreu no conseguía vender ni un solo par de zapatos. Cuando ya estaba guardándolos en las maletas para volver a casa, de pronto apareció un hombre que le ofreció un cambio sorprendente… Intercambiar unos zapatos por ¡un pequeño cerdito!
Andreu no sabía que hacer pero pensó:
-¡Lo llevaré a casa y lo criaré! I así fué, lo subió al tren y se lo llevó a casa con él.
Cuando Andreu llegó a casa su mujer le esperaba contenta deseando oír que había vendido muchos zapatos pero al verlo con un cerdito su cara cambió y le preguntó:
-Andreu… ¿de quién es este cerdito?
En voz baja Andreu respondió…
-…Mmmm verás, me lo han dado a cambio de unos zapatos y he pensado que lo podemos críar nosotros aquí en casa…
-¡Pero Andreu! ¡Nos va a ensuciar toda la casa! (dijo su mujer)
Pasaron unos días y su mujer seguía enfadada pero poco a poco le empezó a coger cariño al cerdito.
Pasaron los años y Andreu tuvo su primer bisnieto al que llamaron Julio (mi hermano), y luego Andreu (mi otro hermano).
Un soleado Domingo de Ramos, Andreu salió con sus nietos y toda su familia a pasear por el pueblo luciendo sus palmones y palmas como era tradición…fue entonces cuando Andreu tuvo una brillante idea y pensó, como no son muchos niños en el pueblo en lugar de darles caramelos les daré ¡un par de zapatos a cada uno!
Fue una gran sorpresa y una enorme alegría para todos los niños y niñas del pueblo.
Desde entonces le llamaron “el sabater dels nens”.

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